Vivimos momentos duros. Momentos en los que todos tenemos que hacer sacrificios, en los que nuestros admirados y nunca suficientemente venerados gobernantes y administradores nos recuerdan continuamente que hay que apretarse el cinturón.
Pero también vivimos momentos intrépidos, momentos en los que nuestros aguerridos gobernantes son capaces de, como hábilmente nos destaca Alberto Sicilia desde su blog, rescatar un pozo sin fondo como Bankia avalando o inyectando una cantidad de dinero superior al doble del presupuesto anual de la NASA.
Momentos en los que, a la vez, se deja a 135 chavales de 17 años sin el anunciado y comprometido premio que cada año otorga el Ministerio de Educación a los ganadores de la fase local de la Olimpiada de Física que cada año, tal y como declaraba recientemente Ángel Prieto de la Cruz, uno de los propios ganadores, en una carta a un periódico nacional de gran tirada.
La cuantía de estos premios, a priori, se supone reducida. El propio Alberto Sicilia en una entrevista a lainformacion.com lo estima en “unos cuantos euros”. Tampoco Ángel Prieto menciona nada al respecto en su queja cargada de razón.
En honor a la verdad, hay que reconocer que las bases de la Olimpiada de Física no define la cuantía exacta del premio y se limita a decir que en sus estatutos lo siguiente:
El Ministerio de Educación y Ciencia otorgará a los tres primeros clasificados en cada una de las Fases Locales un Primer, Segundo y Tercer premio cuya cuantía será determinada en cada curso académico.
La sana competición intelectual se estructura en dos fases: una primera local y una fase final nacional que cada año alberga una Universidad distinta. Este año le toca el turno a Bilbao. A lo largo del curso académico se suelen publicar unas tres circulares y, si tres sucesos consecutivos pueden considerarse concluyentes, se diría es que la cuantía de los premios suele desvelarse en la segunda circular, que se publica en el mes de febrero del curso académico correspondiente. Así sucedió en 2011 con final en Murcia y en 2010 con final en Alicante y en 2009 con final en Pamplona. Pero este año no. Este año la segunda circular presentaba un texto indefinido calcado de las bases que únicamente definía que los premios serían “en metálico”:
El Ministerio de Educación concede premios en metálico a los tres estudiantes seleccionados en cada una de las Fases Locales y a los clasificados en los nueve primeros puestos de la Fase Nacional .
La tercera circular, como es costumbre, incluye el saludo y felicitación a los ganadores de las fases locales así como el mensaje de bienvenida del rector o director de turno, sin incluir mención alguna a la cuantía de los premios.
Por tanto, es posible que finalmente lo que se ha determinado es que la cuantía de los premios sea de CERO euros, y, siendo realistas, la decisión, aunque injusta, estrafalaria y estafadora, sería coherente con las bases y estatutos del evento. Solo nos queda la duda de si cero euros puede considerarse estrictamente un premio “en metálico”.
Es posible que, como a todos los demás españoles, éste sea el sacrificio económico que podemos exigir a estos destacados estudiantes, aunque sea a costa de cargarnos su ilusión que seguramente supondrá mayores sacrificios a la sociedad en el futuro. Pero, ¿de cuánto dinero estamos hablando?
Nuevamente, si tres sucesos consecutivos pueden considerarse concluyentes, las tres ediciones anteriores coincidieron en premiar con 380 euros al primer, 285 euros al segundo y 220 euros al tercer clasificado de cada una de las fases locales.
Tomando el total de los 135 ganadores mencionados por Ángel Prieto, esos “cuantos euros” de Alberto Sicilia son:
El total en metálico de los premios otorgados en la fase local de la Olimpiada de Física asciende a unos 39.825 euros.
Éste es el ahorro del Ministerio de Educación, éste es el dato en el que podemos cifrar el recorte de las ilusiones de nuestros estudiantes más aplicados. Una cifra que viene a ser aproximadamente el 0,00001% de la cantidad ya aportada o avalada por el Estado (de momento) para el rescate de Bankia y poco más que una cacería de un elefante en Botsuana.
Igual me he perdido algún cero y seguramente esos 135 chavales, al igual que los otros aproximadamente 1,2 x 106 estudiantes de enseñanzas secundarias no obligatorias de España podrían poner esa cifra en una notación mucho más elegante, pero entonces seguramente no la entendería ninguno de los miembros del elenco gubernamental, los mismos que abogan por un “cambio de modelo del ladrillo al conocimiento” a la vez que generan estos grandes ahorros retirando premios a la excelencia como éste.