El afamado periódico The Wall Street Journal (WSJ) publica un estudio, calificado por ellos mismos como no-científico, realizado sobre los datos publicados por el Departamento de Comercio de Estados Unidos.
En dicho estudio puede observarse cómo, a pesar de la crisis y de que los estadounidenses también las están pasando canutas en los últimos años, el consumo de lo que denominan “bienes y servicios absolutamente innecesarios” continua incrementándose hasta alcanzar la cifra de 1,2 trillones de dólares, lo que representa el 11,2% del total del consumo en ese país, mientras que hace una década suponía un 9,3% y en 1959 era solamente un 4%.
La gráfica muestra la evolución del porcentaje que dedican los estadounidenses a la compra de bienes no esenciales respecto del total dedicado a consumo, lo cual no quiere decir que, por otro lado, el resto que reduzca su “valor absoluto”, aquí todo crece.
Resulta curioso el hecho de que por “bienes no esenciales” o “absolutamente innecesarios”, WSJ entiende artículos tales como joyería, cruceros de placer, bebidas alcohólicas, juegos de azar o, incluso, los chuches de los niños.
Ahora bien, cualquiera puede imaginar que comprar diez camisas cuando sólo se necesitan cinco, cambiar de teléfono móvil cada seis meses o tirar a la basura la mitad de la comida que se compra es también, de alguna manera, derroche puro y duro, además de presumibles delitos contra la humanidad y el planeta. Por tanto sin ninguna duda, podemos decir la cantidad real dedicada al “derroche” será considerablemente mayor a la identificada por WSJ.
Ante esta trayectoria creciente del derroche, WSJ se plantea que, por un lado esto es reflejo del “triunfo del capitalismo moderno” al elevar los estándares de vida aunque, por otro lado, puede verse como una señal de que el “el crecimiento económico de EE.UU. depende demasiado de estimular la demanda de bienes que la gente realmente no necesita“, en detrimento de otros bienes públicos como la salud o la educación.
Para paliar esta segunda parte de la reflexión el autor del estudio, sorprendentemente, llega incluso a proponer el establecimiento de impuestos al consumo al estilo del IVA europeo. Absoluto tabú en una sociedad como la suya.
Sin embargo, se impone una tercera interpretación y es aquella en la que, tras esta curva, puede verse que el nivel de estupidez y disociación del ciudadano, no solo estadounidense, respecto a su entorno han crecido correlacionados, tal vez como causa, tal vez como efecto, al número de tonterías y excesos presentes en sus compras, respondiendo de manera adecuada al proceso de idiotización colectiva emprendido sistemáticamente por todos los agentes presentes en la sociedad de consumo.


