Secuestro

El esperpéntico espectáculo ofrecido por nuestro nunca suficientemente alabado Gobierno durante el pasado fin de semana nos ha vuelto a dejar claro que son, por un lado bufones internacionales, y por otro alumnos aventajados de Noam Chomsky en la aplicación de sus estrategias de manipulación mediática.

Siguiendo la línea marcada recientemente por Esperanza Aguirre quien, tras conocerse el agujerito de sus otrora impecables cuentas, sembró con gran éxito una absurda polémica sobre himnos y pitadas , este fin de semana el Gobierno ha hecho lo propio por duplicado por un lado poniendo también al fútbol por medio con el estúpido asunto sobre la asistencia de Mariano a la Eurocopa y por otro discutiendo sobre nomenclaturas diversas.

Siento llevarle la contraria a la prensa mundial en cuanto a que “lo del sábado” fue un rescate. Tampoco comparto la idea de nuestro y sus eufemísticas definiciones tipo “apoyo financiero”, “línea de crédito” o el susodicho “lo del sábado”. En mi opinión se trata de un secuestro en toda regla.

Todas estas maniobras de distracción tienen un objetivo concreto y calculado: evitar que la gente se haga las preguntas relevantes. Porque lo verdaderamente relevante no es como se llame sino a quién se rescata y quién paga el rescate. Para entender esto, es importante considerar tanto la forma de entrega del dinero como cuál va a ser su flujo  y destino una vez inyectado en nuestros insolventes bancos. También es importante reseñar que no se trata de especulación sino de lecciones aprendidas de nuestros amigos los P.I.G.

La primera parte, “la entrega”, es simple: por mas que nuestro Gobierno se empeñe en negarlo el crédito se le da al Estado Español quien debe, como parte del acuerdo, emplearlo en la supuesta recapitalización de la banca vía inyección de capital pura y dura, es decir, el Estado se convierte, de algún modo,  en accionista y la banca no tendrá obligación de devolverlo de modo que solamente recuperará su parte si el banco consigue crear valor y en algún momento se puede encontrar un comprador pudiendo ganar, perder o perder todo.

La segunda parte “el destino y flujo”  del dinero es algo más confusa pues tiende a aderezarse con estrambóticos términos financieros y procesos supuestamente ininteligibles para el sentido común. Una vez despojado de tales aderezos, no obstante, la cosa es bien sencilla:

En primer lugar la banca destina gran parte de la pasta a cumplir con su obligación de devolver los créditos con sus acreedores, fundamentalmente, otros bancos europeos y allegados a los “rescatadores”. En segundo lugar, posiblemente, la banca tenderá a recomprar sus propios bonos de tenedores vinculados a los rescatadores.  Éste es el núcleo del proceso al que se refieren con el eufemismo de “sanear la banca” cuando lo que en realidad se sanea son las cuentas de sus acreedores, los gordos, que los tenedores de otros instrumentos como las famosas preferentes no están en este bando.

Posteriormente, con lo que sobre (o con una nueva concesión), los bancos de aquí se dedican a recomprar deuda pública española a tenedores de deuda vinculados a los rescatadores (bancos europeos, amiguetes del FMI,..). La idea fundamental de esta segunda parte es continuar con saneo de balances de los prestamistas a la vez que aislar el problema reduciendo su “globalidad” y convirtiendo el problema en un cuestión local.

Entretanto, si queda algo y se puede, la banca española comprará la deuda española nuevamente emitida. Básicamente se trata de una derivada de lo anterior, no vaya a ser que por un lado entre y por otro salga. Una vez acotado el problema a una cuestión de bancos locales insolventes poseedores de deuda de un estado insolvente, entonces se nos abandona a nuestra suerte.

Pero no acaba ahí todo, por el camino, gracias a la exposición de la banca a los diversos sectores industriales, a la vez que a la paupérrima situación financiera que irá alcanzando el Estado, grandes bancos y fortunas extranjeras irán haciéndose con la riqueza del país a precio de saldo: empresas, servicios públicos, bienes inmuebles, negocios de todo tipo e, incluso, la propia banca.

Llegados a este punto conviene no olvidar que, “lo del sábado” es claramente un complemento para ir finiquitando el asunto ya iniciado ya que la banca española, en realidad, ha recibido otros cuatrocientos veinticinco mil millones adicionales en ayudas “públicas” (40.000 millones primero, 135.000 millones en avales del Tesoro y una deuda con el BCE de 250.000 millones) que no sirvieron para solucionar nada.

Así pues, las respuestas a las cuestiones relevantes son claras: los verdaderos destinatarios del rescate son los acreedores de la banca española y, por extensión, los tenedores extranjeros de deuda patria. Mientras que los que pagaremos el rescate seremos todos los ciudadanos, primero vía recortes de servicios y prestaciones e incrementos de impuestos todo tipo y después, bien por la insolvencia y quiebra final de la propia banca o bien como condición para aceptar el “favor” que nos harán los que, a pesar de todo, quieran comprarla, estos créditos acabarán cayendo sobre usted y yo, y nuestros hijos, y nuestros nietos…

Se trata, claramente, de un secuestro. Un secuestro en el que se toma en prenda el estado de bienestar y la riqueza presente y futura de este país y se obliga a varias generaciones a pagar un rescate por él, con sangre, sudor y lágrimas… y el resto, en cómodos plazos.

 

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2 comentarios sobre “Secuestro

  1. [...] serios, Mariano. Lo de que el secuestro perpetrado el pasado fin de semana con el prestamito de los 100.000 millones  no tendrá [...]

  2. [...] embargo, desde aquí nos atrevemos a proponer una solución descabellada. Habida cuenta de que tras el mal llamado “rescate”, gran parte de los bancos patrios van a acabar siendo públicos, sería interesante hacer un [...]

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