La democracia es lo que tiene. Dejas votar al pueblo y se les ocurre votar lo que no deben. No es de extrañar, por tanto, que preguntar al pueblo te avoque a una situación de “ingobernabilidad“.
Al menos así lo creen nuestros paternalistas defensores de la pureza de lo gobernable desde sus cómodas butacas de Bruselas, gobernable por ellos, se entiende, pues a un Berlusconi que había aguantado en el poder contra viento y marea aderezada con supuestas conductas criminales bastaron unas discrepancias con ellos para darle la patada y poner en su lugar a un mucho más disciplinado Mario Monti. El mismo gran derrotado cuando se pregunta (quién les mandaría hacerlo..) al pueblo.
No ha servido, ni siquiera, un sistema electoral más injusto si cabe que el patrio que adjudica automáticamente el 55% de los escaños de la Cámara de los Diputados al ganador, sea éste por un solo voto, para evitar esta nueva Italia que dicen ingobernable víctima de su propia ley de perpetuación que ha posibilitado el resultado inverso en un Senado con funciones reales y capacidad de paralizar las decisiones de la Cámara Baja. La solución será, como apuntan ya muchos analistas, no respetar el resultado y volver a las urnas a ver si a la segunda el pueblo vota lo que tiene que votar.
Es una suerte que en este país nuestro el Senado no sirva para mucho y más suerte aún es que Alfredo y Mariano sean capaces de ponerse de acuerdo en los asuntos que de verdad importan a ellos. Aún tenemos tiempo para corregir esta ley electoral antes de las próximas elecciones, no vaya a ser que, como en Italia, se cuele por algún resquicio uno de esos partidos estrafalarios que decía Mariano a sus amigotes de Bruselas, los mismos, por cierto, que dentro de poco quitarán a este difuso Mariano para traernos a otro más dócil, más Monti.
Ánimo Mariano, puedes inspirarte en la ley italiana y mejorarla. Eso de adjudicarse una mayoría absoluta por un voto es muy prometedor pero, cuidado, que las leyes electorales las carga il diavolo.
