Imagínense que el principal directivo de una empresa concreta resulta ser un auténtico fiasco hasta el punto de que se ve obligado a dimitir dejando la empresa en una situación tan deplorable que requiere de auxilio inmediato del gobierno de turno a la vez que pierde más de un tercio de su valor en bolsa en menos de una semana.
A este nivel, es norma habitual pactar indemnizaciones de unas dos anualidades en caso de cese y alguna otra prebenda para evitar que el directivo saliente recale en alguna empresa de la competencia, al menos en un plazo de un par de años o superior. Este pago, habitualmente, ejecutarse a discreción de la empresa y el directivo no puede opinar de modo que suele verse como una compensación por el perjuicio e incomodidad que le puede provocar el hecho de dejarle obligatoriamente en dique seco.
Para nuestro lamentable directivo, normalmente, no habría indemnización alguna por cese debido a que renunció voluntariamente a su cargo pero, ¿ejecutarían ustedes esa clausula que le dejase fuera de combate un periodo o preferirían que nuestro amigo acabase, precisamente, trabajando para la competencia y la llevase por el mismo camino que a nuestra empresa?
El 99,999% de las personas optarían por la opción del torpedo. No es el caso de quien nombró a su sucesor y su sucesor es el responsable de decidir y así, gracias a José Ignacio Goirigolzarri, Rodrigo Rato se llevará 1,2 millones de euros de Bankia para no competir con ella… todo un alivio para el resto de entidades bancarias.