En estos tiempos que corren en los que agudizar el ingenio es más necesario que nunca, nuestra mundialmente admirada banca patria consigue rizar el rizo con un nuevo invento a la altura únicamente de los cerebros más dotados del planeta.
Nuestra historia comienza con el plan de financiación a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos para el pago a proveedores que el Ministerio de Hacienda ha preparado por decreto y que consiste, básicamente, en hacer disponibles unos 35.000 millones de euros para préstamos a diez años, con dos de carencia y un tipo de interés cercano al 5 % que se habilitaría a través de créditos ofrecidos por las entidades bancarias con el aval del Tesoro Público.
Al parecer esto del 5% a la banca no hacía demasiada ilusión y las entidades financieras exigían al menos un 8% pues, aun con el aval del Estado, consideraban la operación de “alto riesgo”. Esta presión ha servido para que el Ministerio incremente en un punto su propuesta inicial del 4%.
Paralelamente se han lanzado varios globos sonda sobre la posibilidad de que los Ayuntamientos y Comunidades paguen antes a los proveedores que acepten una “quita” en la factura, si bien finalmente no se ha concretado nada e, incluso, el propio Cristóbal Montoro ha llegado a decir que el orden de pago vendrá dado por la antigüedad y no por quien acepte una quita. Aún así, el sondeo ha cumplido su misión.
En este contexto, la bombilla se le debió encender a algún iluminado en su estupendo despacho a deshoras, posiblemente con una copa en la mano y un puro en la otra mientras consideraba el interés para su entidad del citado plan de financiación. El razonamiento debió ser algo así como: “si los Ayuntamientos sólo podrán pagar lo que yo les preste y al parecer hay proveedores dispuestos a aceptar una quita con tal de cobrar antes, ¿por qué no les ofrezco yo una quita a los proveedores y sólo presto a los ayuntamientos lo suficiente para que puedan pagarme mis facturas?”
Y he ahí que se obró el milagro de los panes y los peces, o la actualización del tocomocho, según se mire. Donde antes sólo había un 5% ahora hay un 15%. Muchos nos venderán este milagro como una solución donde las tres partes ganan, los unos por cobrar pronto algo que parecía incobrable, los otros por mejorar su rentabilidad y los de más allá por poder disponer del crédito para pagar las facturas, pero lo fundamental aquí es ver quién es realmente el que se está llevando el gato al agua, quién es el que da con una mano lo que toma con la otra sin apenas riesgo y avalado por el Estado, es decir, por todos nosotros, incluídos los proveedores a los que han realizado esta quita.
Este chollo de por sí es más que suficiente para justificar que la banca se haya lanzado a comprar masivamente facturas. Es destacable el hecho de que tengan la intención de incluir facturas de PYMES donde antes parecía que sólo iban a entrar empresas grandes (que alguna ha vendido hoy mismo un buen paquete con el 10% de descuento), por ser éstas de amiguetes o participadas por la banca, pero tampoco hay que perder de vista que a los pequeños los pueden estrujar más y quizá consigan elevar ese 10% al ponerles en la tesitura de echar el cierre o cobrar lo que sea… no digamos ya si acaban comprando facturas a pobres autónomos que no tengan ni para gasóleo.
Por si queda alguna duda respecto al altruismo y buena voluntad de nuestra banca, queda un último detalle nada despreciable cuando hablamos de varias decenas de miles de millones de euros, y es que estos créditos, al estar avalados por el Tesoro Público, no contarán a efectos de pedir liquidez al Banco Central Europeo, es decir, que incluso después de prestado y antes de ser devuelto, el banco podrá contar con ello, vía BCE, al nimio interés del 1% al que, por ejemplo, se hicieron las últimas adjudicaciones. Esto significa que en la práctica la banca podría habilitar este círculo sin necesidad de disponer previamente del dinero pidiendo al BCE al 1% para comprar las facturas con un descuento del 10% o bien prestarlo al 5% a las administraciones.